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NO MUY CARO
Otra. Igual que las demás, igual que cualquiera. Todas me miran del mismo modo. Siento cómo sus ojos golosos se nutren de la perfección de mi cuerpo. Me comen con la mirada, se alimentan de mis músculos, sueñan con mis abrazos. Esa, por ejemplo, es rubia y rellenita, nada fea, bien conservada para los casi cincuenta que tendrá. Seguro que tiene hijos de mi edad, un chico de veinte años, probablemente estudiante de Ingeniería, o una niña mona, que andará por Derecho o Económicas. Lo típico, todas son iguales… Sonrío, mi sonrisa puede ser un mes de alquiler. Ella sonríe también, y se embadurna la piel con una de esas cremas caras. Alguien le dice algo, y es así como sé que se llama Coral. Pestañea, puedo notar la humedad de su vagina, intuyo su deseo de mis dedos en lo más hondo de su cavidad. ¿Será volcánica, salvaje como un potrillo desbocado?. ¿O, tal vez, pasiva y sumisa, abandonada a mi buen hacer sexual?. El enigma me excita a mí también. Aunque siempre es la misma rutina, y me quejo, en el fondo me gusta… Disfruto del poder que mis ojos y mi cuerpo cien por cien DANONE me otorgan… Se levanta y se acerca a mí… Contonea las caderas, se cimbrea, observo cómo se aproxima, gozo con las señales que su tez dorada me envía. Como me he puesto las gafas de sol, finjo no reparar en su deliciosa caminata. Contemplo sus muslos, se mantienen firmes (esta mujer frecuenta el gimnasio, quizá con sus amiguitas, todas juntas en la bicicleta compartiendo secretitos y aventuras), recorro con la vista su cintura, todavía agradable. Me pone, esta zorrita me pone… Vamos…- dice con voz melosa- Podemos subir a mi apartamento. La piscina empieza a llenarse de gente, es mediodía, el sol calienta ya bastante. La mujer tiene los pezones tiesos, se le marcan bajo su bañador negro. Su dentadura perfecta, de esas que cuestan miles de euros, me lanza destellos risueños. Se sabe segura de sí misma, va directa al grano, no pierde el tiempo. Son quinientos euros.- repuse. No quería que después hubiera malos entendidos. Aquella guarrita viciosa soltó una carcajada. Muy sonora, muy femenina. ¿Tanto?. Ya verás cómo no te arrepientes. Masculló algo, un "más te vale" o algo similar, y nos dirigimos, ansiosos, a su piso. Mi pene se iba endureciendo, ante la perspectiva de meterla en caliente. Ella, acalorada, sin duda pensaba en lo mucho que iba a fardar con sus amigas.
Cristina Padín Barca. |
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